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Cómo aprendí a leer

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No recuerdo exactamente cuándo aprendí a leer, lo que sí recuerdo es que tampoco fui muy precoz, vamos, normal, lo que el sistema educativo entonces marcaba, que era entre los 5-6 años de edad, lo que sí recuerdo es que a los 3 años, uno de mis juegos favoritos era sentarme en el salón de mis abuelos maternos, con las pesadas faldas de la mesa de café sobre mis piernas, y allí me pasaba las horas muertas ojeando los libros de texto de mi tío Luis, 14 años mayor que yo. Me encantaba fijarme en las letras, las ilustraciones y pasar sus páginas,  aunque aún no supiera leer. Mi abuelo para picarme me pedía que le leyera un fragmento, y según él me contaba, yo no lo recuerdo, me inventaba mis propias historias para dar a entender que ya sabía leer.

Aunque no recuerde exactamente cuándo aprendí a leer, esta anécdota y los libros que han ido viniendo después desde mi infancia hasta el día de hoy me han ido y siguen forjándome como lectora. Creo que nunca dejamos de aprender a leer.

Esto último, es lo que la escritora Agnés Desarthe pretende mostrarnos, entre otros temas, en su novela como aprendi a leer agnes desathre.cdrCómo aprendí a leer. La autora de forma autobiográfica nos cuenta como fue para ella este proceso, y no hablo del mero hecho de saber unir las letras y conocer su significado, si no del acceso que da el lenguaje a poder expresarte y desarrollarte personalmente, y como las lecturas que hizo desde pequeña hasta su vida adulta fueron haciendo mella tanto en sus futuras elecciones lectoras como en su personalidad:

A los dos años pensaba que al acceder al lenguaje estaría en condiciones de decirlo todo, de comunicarlo todo. Habría una palabra para cada sensación, para cada cosa vista, tan eficaz como el dedito regordete de un bebé que apunta al cielo con un grito inarticulado y que significa al mismo tiempo: velocidad, avión, flecha, ruido, miedo, belleza, relámpago, cohete, estrella, azul. La decepción fue intensa cuando, alrededor de los dos años, tuve que rendirme a la evidencia: las palabras eran imprecisas, poco numerosas, rígidas y ocupaban mucho espacio.

Esta conclusión que Desarthe saca del lenguaje irá cambiando durante su vida, hasta convertirse en una gran lectora, además de escritora y traductora. Nos muestra como el lector se hace y no nace. Y que todo depende de los libros, personas y circunstancias  que uno se vaya encontrando a lo largo de su vida para forjar a un gran lector, a un gran aprendiz del lenguaje.

  • Cómo aprendí a leer. Agnès Desarthe. Editorial Periférica. 2013.

Feliz día de las librerías a todos. Hasta el próximo post!

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Últimamente han caído en mis manos libros que podrían denominarse “generacionales”. En los que el autor no solo cuenta una historia concreta, si no que refleja el estado de todo un grupo social determinado. Por ejemplo, para mí En la carretera de Jack Kerouac sería uno de esos libros generacionales de la década de los 50. Debe ser la situación de desengaño en la que estamos viviendo, ante aquello que, se supone, se nos tenía prometido, o la situación socio-económica general, pero está claro, que existe un auge de temática generacional, en la que el “nosotros” impera frente a la introspección “ombliguista” de la que nos acusaba a los niños mimados nacidos después de los 80.

De alguno de estos libros ya os he dejado reseña como Todo lo que una tarde murió con las bicicletas de Llucia Ramis, otros que he leído últimamente son  Amigas con hijos de Mónica Drake (pendiente hacer la reseña), Idiopatía de Sam Byers (no me ha gustado nada, no haré la reseña) y por último, el objeto de mi recomendación de hoy: Canciones de amor a quemarropa, de Nickolas Butler. (Editorial Libros del Asteroide, 2014)

Canciones de amor a quemarropa es la historia de un grupo de amigos: Henry, Lee, Kip, Ronny y Beth, que crecieron juntos en el mismo pueblo de Wisconsin, Little Wing. Se hicieron adultos y sus vidas tomaron un curso diferente: vaquero de rodeo, agente de bolsa, estrella del rock, granjero…, pero el tiempo los fue juntando de nuevo y eso creó cambios en sus destinos, replanteándose aquello que es realmente importante: la amistad, el amor, las raíces, los sueños, la libertad, en definitiva, la felicidad. Canciones de amor a quemarropa es la historia de muchos de nosotros, de nuestros amigos, de los caminos que tomamos y de cómo muchas veces vuelven a cruzarse o nos hacen regresar al punto del que partimos. Una novela en la que la música es importante para sus protagonistas, pero ¿para quién no lo es?. Todos tenemos nuestra propia banda sonora, la que ha marcado los momentos importantes o los no tanto en nuestra vida.

No quería volver como un fracasado, ¿sabes?-me dijo. Lo único que puedo hacer es seguir intentándolo. Es lo único que se me da bien.

-¿Qué debe de sentir él?- pensé- ¿Qué verá?. ¿De dónde viene toda esa música?.

Alguien quiso hacernos creer en un anuncio de televisión, que éramos la generación JASP (Jóvenes Aunque Sobradamente Preparados) y que el mundo estaría a nuestros pies, ¡bendito idiota!. Yo creo que, aunque a marchas forzadas, mi generación está aprendiendo a ponerse a los pies del mundo, para ayudar a levantarlo. Hay una clara diferencia y eso se aprecia en todos los ámbitos, también en la literatura. ¡Bienvenidos estos libros “generacionales”!.

-América, diría yo, consiste en gente pobre tocando música y en gente pobre compartiendo comida y en gente pobre bailando aun cuando llevan una vida desesperante y tan deprimente que ya ni debería haber sitio para la música o para algo de comida extra, cuando no deberían quedarles energías ni para bailar.

Aquí os dejo con un vídeo donde los lectores opinan. Hasta el próximo post!

Un deseo para ellos

Hola a todos, tras un par de meses de parón, retomo la actividad en el blog, con un post muy especial.

Esta semana se celebra la Semana del Cáncer Infantil, los que tengáis Facebook os habréis dado cuenta de que está lleno de perfiles con superhéroes por este motivo. Desde el blog no quería dejar escapar la oportunidad de homenajear a los niños y sus familias y de algún modo colaborar. 🙂

Ayer mi Cachidiablito y yo estuvimos en la tienda solidaria “Mi sonrisa” de AFANION (Asociación de familias de niños con cáncer de Castilla La Mancha), donde estuvimos comprando algunas cosas. Esta asociación sin ánimo de lucro trabaja para mejorar la calidad de vida de los niños y adolescentes con cáncer y sus familias, proporcionándoles apoyo integral a través de programas de apoyo psicológico, social, educativo,  ayudas económicas, talleres, grupos de ayuda mutua, respiro familiar, actividades de ocio y tiempo libre… Además, cuenta con una red de recursos residenciales a disposición de las familias, para que puedan tener un hogar durante los largos periodos de hospitalización. La tienda solidaria está gestionada únicamente por voluntarios de la asociación, en la que se pueden adquirir productos donados por particulares o empresas, tanto nuevos como usados. La verdad es que tienen de todo, y en muy buenas condiciones.

Decir que las voluntarias que nos atendieron son encantadoras, y tanto mi Cachidiablito como yo estuvimos muy a gusto mientras mirábamos entre sus estanterías. Escogimos unos cuentos de segunda mano y otro muy especial: “Un deseo para mamá” de  Begoña Esteve Quiñones (Ilustraciones de Charo Lozano). Editorial Casa Ruíz Morote.

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La autora, que padeció un cáncer de mama, a través de este cuento, relata su propia historia personal de manera sencilla, con dosis de humor y de esperanza, desde la mirada de un niño. Un libro conmovedor, que puede ayudar a los niños a entender la enfermedad. Los beneficios de la venta de este libro son donados a AFANION. Solo cuesta 10 euros y os puedo decir que la encuadernación y las ilustraciones están muy cuidadas y son de gran calidad. Lo podéis adquirir a través de la asociación, pero también lo he visto en venta en Amazon y alguna librería on-line más.

Nos vemos pronto, y no olvidéis leerles cuentos a vuestros hijos! 😉

Hasta el próximo post!

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La bicicleta es aire, veredas entre pinares, paisajes en la retina, sol y verano llamando a la libertad del pedaleo, al sonido del timbre, al tacto del freno entre mis manos, al tiempo detenido.

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Los que ya me conocéis sabéis de mi amor por las bicicletas, es mi forma de desplazarme prácticamente a diario durante todo año, pero en verano tiene ese regusto especial que he querido expresaros en el párrafo anterior. En plena estampa estival se me ha ocurrido recomendaros esta novela que leí hace  unos meses, cuyo título hace homenaje a mi querido velocípedo: Todo lo que una tarde murió con las bicicletas, de Llucía Ramis.

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La novela nos relata, a modo de crónica, la historia de una treintañera que regresa a casa de sus padres. Se ha quedado en paro y no tiene ningún tipo de atadura (ni pareja, ni hijos). Es inteligente, trabajadora y tenía un gran porvenir profesional, pero de repente, éste se ven truncado, ¿y ahora qué?. La protagonista decide darse un tiempo para indagar en su propia historia familiar, reflexionar y descubrir lo que la vida realmente le había prometido:

“-Nos habéis educado para que seamos libres e independientes, pero ¿por qué no nos dijisteis que el precio de la libertad y la independencia era quedarnos solos?”- pregunta la protagonista a sus padres. “Porque no lo sabíamos”- contestan ellos.

“Cuando le preguntaron a mi hermano que quería ser de mayor, no respondía policía, ni astronauta, ni bombero, ni futbolista. Decía: Quiero que me quieran”.

Los recuerdos, de sus abuelos, sus padres y su propia infancia, le llevarán a entender un poco más su propia existencia, descubriendo como todo lo que se había prometido a nuestra generación se quedó en agua de borrajas, y que la vida no se resuelve sola por seguir un determinado camino:

“La vida es una cosa complicada y difícil, imposible de describir, que consiste e ir tirando”. Concluye la protagonista.

Toda una crónica generacional, con la que muchos de nosotros, hijos de los primeros años de la democracia, nos sentiremos identificados. Una lectura para viajar en bicicleta y no perder la inocencia y la ilusión de lo que una vez fuimos:

“Necesitaba mantener los veranos como fuera, aquel rastro de infancia que aún arrastra la marea. Todo lo que una tarde murió con las bicicletas”

  • Todo lo que una tarde murió con las bicicletas. Llucía Ramis. Editorial Libros del Asteroide. 2013.

Hasta el próximo post!

 

 

Si alguien os propone un plan de viaje de fin de semana con el calor que está haciendo, ¿a dónde os gustaría ir?. Yo desde el blog os propongo una visita a Sevilla. Aaaaaaah! gritaréis algunos. En mi defensa puedo decir que estuvimos el fin de semana pasado y la verdad, hemos sobrevivido bastante bien, en remojo durante el día y a partir de las 8 de la tarde con “la fresquita de 40 grados” salíamos a conocer la ciudad, aunque para los más calurosos podéis dejar el viaje para más adelante.IMG-20150629-WA0009Viajar a Sevilla con niños es muy cómodo, como en el resto de Andalucía se hace vida en la calle, hay muchos parques, jardines y zonas peatonales donde los pequeños puedan explayarse a gusto. Además en el caso de mi hijo ver tanto caballo ha puesto a la ciudad en el ranking de sus “excursiones” favoritas (así llama èl a los viajes), además se ha hartado de ver y darles de comer a patos, cisnes, palomas, y algún que otro animalillo oculto en sus esquinas…

Una de las tardes paseando por la Plaza de la Encarnación, donde se encuentra el Metropol (una estructura de madera a modo de parasol) encontramos una librería especializada en literatura infantil, otra joya  sevillana para los más pequeños (y también para mí), su nombre es Rayuela (C/José Luis Luque, 6). Es pequeña pero muy coqueta y bastante completa, organizada como si de una ludoteca se tratara, todo a la vista y por edades, para que los peques también la disfruten, al fin y al cabo es para ellos. También se pueden encontrar juguetes creativos, libros de crianza y psicología infantil e incluso libros de actividades para fomentar la creatividad y la escritura en los niños. En su web, rayuelainfancia.com también he visto que realizan diferentes actividades y talleres, algo que valoro mucho de las librerías, que no sean meros supermercados del libro.

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Después de recorrer sus estanterías y disfrutar de su aire acondicionado ;), mi Cachidiablito se decantó por un cuento muy veraniego y manejable para él, de esos que tienen solapas para tirar de ellas y que te van descubriendo cosas, ahora mismo a sus dos años son de los que más le gustan. Además hace unos días su escuela infantil hizo una fiesta sobre el fondo del mar, y a él le tocó ir disfrazado de cangrejo, pienso que se sintió identificado con el libro. Aquí os dejo una foto.

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Finalizamos nuestro viaje el domingo, cómo no!, terminando de conocer el fondo del mar en el Acuario de Sevilla, cubierto y bien refrigerado, no nos esteramos de los 45 grados que hacía fuera, y mi hijo sus papás disfrutamos viendo tiburones, tortugas, caballitos de mar, peces luna…, otra opción para disfrutar de Sevilla con la calor.

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Hasta el próximo post!

 

Como ya vengo comentando en mis redes sociales (Facebook, Twitter e Instagram), ¿por qué no celebrar el Día de la Madre con un libro especial que puedan compartir madre e hijo?, pero eso sí, que hable de ella, la protagonista, ¡Mamá!.

Existen gran cantidad de cuentos y álbumes ilustrados con esta temática, el año pasado os recomendé, Un mundo de mamás, podéis ver la reseña aquí. Esta vez he seleccionado tres títulos, muy diferentes entre sí, pero creo que muy especiales:

  • Así te quiero. Mamá. Autora Gabriela Keselman e ilustraciones de Lucía Serrano. Ediciones SM, 2012. A partir de 6 años. Una madre consuela, anima, apoya, comprende, da, escucha, acompaña, impulsa y sobre todo, ama a sus hijos. Este original libro pone de manifiesto todo lo anterior con divertidas situaciones plasmadas en sus páginas. Un aspecto a destacar del álbum, las ilustraciones, Lucía Serrano, consigue el efecto de haber realizado los dibujos conjuntamente con un niño, el resultado es perfecto para que el libro, en conjunto, sea el resultado de un trabajo en equipo, madre e hijo. ¡Cariño pinta las paredes que yo siempre te querré!

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  • La gallina Cocorina. Autora Mar Pavón e ilustraciones Mónica Carretero. Editorial Cuento de Luz, 2010. A partir de 3 años. A éste le tenía echado el ojo desde el año pasado, cuando estuve en la Feria del Libro de Madrid y especialmente cuando vi a Mónica Carretero firmando libros (aquí) y me di cuenta de que estaba ante ante ese tipo de personas que están tocadas con “una varita mágica”, y desde luego así lo refleja en sus ilustraciones, llenos de color, “bueno rollo” y optimismo (si queréis ver los trabajos de esta artista segoviana, pinchad aquí). Por fin el Día del Libro mi Cachidiablito (y su mami) ya tenían en sus manos a La gallina Cocorina, esa mamá simpática y cariñosa, pero torpe y despistada. Aunque sus tres pollitos, a pesar de sus meteduras de pata, no la cambiarían por nada del mundo, pues el amor que sienten por ella todo lo perdona. Pero un rumor mal intencionado empieza a circular por el gallinero…, en fin, no os lo desvelo…

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  • Mamá. María Ruíz Johnson. Editorial Kalandraka, 2013. A partir de 5 años. Este precioso libro obtuvo el VI Premio Internacional de Álbum Ilustrado, 2013. En él se les habla a los más pequeños sobre la maternidad a través de la poesía y del arte, sobre el  amor y  la vida en toda su extensión, desde el ser humano y las criaturas que nos rodean, hasta la Madre Tierra. ¡Un capricho de libro!

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Espero que las recomendaciones os hayan gustado. Feliz día a todas esas mamás fabulosas, ¡disfrutad de vuestro domingo!

¡Feliz Día del Libro a todos!, hoy no sólo los libros son los protagonistas, si no también nosotros, los lectores. Imagino que en vuestras localidades y lugares de residencia habrá en mayor o menor medida actividades “librescas”. Pues no sé qué hacéis leyendo este post, y no estáis en la calle disfrutando de ellas ;). Aquí os dejo algunas propuestas, de un post anterior, para celebrar este Día del Libro de una forma divertida y barata.

Personalmente yo llevo celebrando este día desde el pasado fin de semana, en el que participé a duras penas en la lectura colectiva de la Segunda Parte del Quijote celebrada en mi localidad, (este año se conmemora el centenario de la publicación del segundo tomo de las aventuras del hidalgo), y en Argamasilla de Alba, mi patria chica y cuna del Quijote (corroborado por Jordi Hurtado en el Ministerio del Tiempo, ¡qué flash el del último capítulo de esta serie de TVE!), no podíamos por menos de leer de manera maratoniana nuestro muy querido Don Quijote de la Mancha. Y retomando el inicio del párrafo, digo “participé a duras penas” porque me levanté el sábado por la mañana afónica perdida, y aun así, a falta de almas caritativas que leyeran mi texto, hice el esfuerzo enorme de recitar a los oyentes con toda la dignidad que pude mi texto. Esa situación me llevó a jugar un poco con las palabras (afonía y lectura)  y de ahí saqué la siguiente reflexión sobre la celebración de este día y todo lo que se publica sobre él en prensa escrita y redes, a veces me da por ahí, me duele algo y acabo resolviendo el mundo.

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En estas fechas salen a debate temas muy diversos sobre el libro y el hábito lector, como el ya manido, libro de papel vs libro electrónico, que no sé cuántos asaltos llevan ya, pero ahí están, conviviendo ambos de manera pacífica. Cuando me quedé afónica pensé en aquellas personas que no leen, no porque no sepan, afortunadamente en España el índice de analfabetismo es muy bajo, sino porque leer no entra en su “hoja de ruta”, por diversas causas, porque han leído siempre  por obligación, en casa no se les ha motivado a ello, por falta de tiempo, o simplemente porque no han encontrado al autor, obra o formato que mejor se ajusta a ellos. Y según los estudios cada vez son más. Vivimos en un mundo donde la rapidez y la inmediatez gobiernan nuestro día a día, y queremos abarcar tanta información en tan poco tiempo, que no nos detenemos en disfrutar, y mucho menos en diseccionar (“sacarle todo el jugo”) a una novela o a cualquier libro de otro género (de poesía ni hablamos…), porque eso lleva tiempo. Así que he concluido que hoy debería ser el Día Mundial del No Lector o del No Libro, porque para los que leemos habitualmente, todos los días son el día del libro, aunque, eso sí, nos guste festejarlo (un sarao con libros… ¡lo más!, ¿no creéis?) . Pero el libro necesita lectores y si cada vez somos menos… ¡pues eso! que es una cuestión de supervivencia, además de reivindicación humanitaria, porque las personas necesitamos las palabras para expresarnos, dejar constancia de lo que ocurre, expresar sentimientos y emocionarnos con los de los demás, encontrar en otras vidas la pieza que falta en la nuestra, y no perder esa capacidad de pensamiento y reflexión que nos hace únicos. Porque las palabras sin lectores entran en afonía como yo, y con el tiempo, y no quiero ser agorera, podría ser una agonía, ¡la agonía de las palabras!, o de las ideas, de más de 140 caracteres, eso sí.

Así que, No Lectores, por favor, pasaros al lado oscuro, no os arrepentiréis, sólo tenéis que encontrar las palabras, el estilo y/o al autor que dijo precisamente lo que queríais decir 😉

Estas son algunas cosas que se me pasan por la cabeza cuando pierdo la voz, y en lugar de hablar, me da por escucharme un poco y de paso compartirlas. Porque de momento, aunque afónica, intento mantener viva la palabra, aunque sea a través de este humilde blog. Fuera como fuese, queridos todos, lectores y no lectores, ¡feliz Día del Libro!

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PD. Por si queréis echarle un vistazo a los posts del Día del Libro 2013 y 2014

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